Yo la orilla y tú las olas. Yo tierra firme y tú fina línea del horizonte. Llegas rápido y de igual forma te vas. Piensas que así estarás a salvo y no entiendes que ya soy experto en ti, porque he navegado cada uno de tus mares y sobrevolado tus valles en el viento de tus palabras. Porque mis manos, a pocos milímetros de tu piel, han dibujado cada giro, cada forma, cada suspiro. Porque mis labios han recorrido el surco de tu espalda y rumbo sur pasaron por las inmensas llanuras de la pasión, por las infinitas rectas de la locura, por el abismo imposible del deseo.

Te vuelves espuma para disimular, tal vez para pasar desapercibida y no comprendes que te llevo tatuada en mi piel. Que quizás ya te conocía incluso antes de ser. Que durante mucho tiempo tenía mil caricias guardadas para ti. Que ya te sentía antes de que fueses, porque hace tiempo, en otra vida, ya te conté todo lo que tenías que saber.

Te conviertes en sal, quizás para mantener la distancia. Y yo sonrío porque me gusta ese juego de sentirte esquiva, un poco distante, algo altiva. Me gusta el desafío de conquistarte, aunque niego lo fácil que resulta. Soy borde, límite entre estados, delimito islas, países y continentes. No comprendes que siempre has sido mía de la misma forma que yo te pertenezco.

Yo la orilla y tú las olas. Un principio sin fin. Eterno vaivén. Caricias de agua y roca. Unión perfecta de elementos.

Yo la orilla y tú las olas o simplemente yo y tú, tú y yo…

Roque de las Bodegas. Anaga. Santa Cruz de Tenerife.

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