Sin camino evidente

Hay ocasiones en la vida en las que el camino desaparece. Vas gastando tu existir tranquilamente, afincado en esa falsa sensación que provocan los días siempre iguales, repetitivos, sin sobresaltos y de pronto te das cuenta que has llegado a un lugar nuevo y desconcertante del que no sabes salir. Miras hacia adelante y no encuentras como avanzar y tienes claro que ir hacia atrás no es una opción válida. Te sorprende la situación e intentas averiguar en qué momento te saliste del recorrido, dónde está el cruce con la decisión equivocada, qué extraña sucesión de acontecimientos te ha llevado a este lugar, a este momento…

Cuando no tienes la experiencia suficiente, los nervios y la incertidumbre se apoderan de ti. Quieres resolver esta situación lo antes posible y llevado por las prisas cometes más errores que se suman a los que ya tenías, por lo que tu realidad se vuelve aún más complicada. Has tirado demasiado rápido de los hilos y el nudo en la madeja aún es más enrevesado.

En cambio, cuando la experiencia de vivir te ha enseñado cómo son sus reglas, sólo tienes que esperar a que las cosas ocurran y no intentar mover piezas, que por su peso, no podrás desplazar jamás. Es entonces momento de esperar y no perder la calma. Todo volverá a su lugar y de la misma forma que desapareció, ante ti se mostrará clara y evidente la dirección a tomar.

Quizás caminante y camino sean lo mismo y puede que el sendero y sus vicisitudes sólo sean una prolongación de las emociones del que lo recorre. Cierra los ojos entonces para ver, claro y nítido, el camino a seguir.

Palmetum. Santa Cruz de Tenerife. Spain.

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