Suena el timbre. Abro la puerta. Entra. Me toma. Y se va.
Luego voy a mi ventana y al mirar el ocaso, veo mi interior: Rojo pasión y sombras de incomprensión.
Nuestra historia empezó sin esperarlo, supongo que como todas las historias, y lo que era una aventura intensa y excitante ha mutado a una situación en la que mi corazón está blandiendo bandera blanca.
Suena el timbre. Abro la puerta. Entra. Me toma. Y se va.
Pero a veces, cuando la vida la ha estrellado en una de sus curvas, se olvida del reloj y entonces baja la guardia. Y al hacerlo me muestra sus miedos, las cosas que le hacen reír, los proyectos por conseguir y algunas de las emociones maravillosas que existen en ella. Y mientras lo hace yo voy escribiendo frases en su espalda desnuda y cuando mis dedos están a punto de trazar la palabra amor, se asusta con un sobresalto y sale corriendo sin mirar atrás.
Suena el timbre. Abro la puerta. Entra. Me toma. Y se va.
Y yo, que siempre pensé que el sexo sin amor era un deporte de riesgo, me veo atrapado entre el vértigo de su piel y los latidos inesperados de mi corazón y como un tonto ratón que ya conoce la trampa, doy vueltas a su alrededor sabiendo que será inevitable ceder a la tentación. Pero hay algo que juega a mi favor y es que todas las historias tienen un final.
Suena el timbre. Voy a la puerta. Espero con dolor. Se cansa. Y se va…
Roque de las Bodegas. Anaga. Santa Cruz de Tenerife. Spain.
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