Volando

Te lo he dicho mil veces y mil veces me has mirado como a un loco (nunca te dije que no lo estuviese…).

He decidido aprender a volar aunque para ello me cosa alas de metal. Ya no quiero vivir más a ras de suelo. Me cansé de la gravedad y de sus sofisticadas limitaciones. De caminar sorteando injusticias y estar pendiente de los puñales en mi espalda. De avanzar contra el viento del norte, ese de las imposiciones, de las intransigencias, de las obligaciones, tal vez, sin sentido.

Definitivamente no soporto esa frase de «estar con los pies en el suelo», porque nunca he sido tan feliz como cuando he estado cabeza abajo.

He decidido cambiar sólido asfalto por cielo volátil. Realidad estática por fantasía cambiante. Océanos furiosos por mares de nubes al atardecer. Princesas inalcanzables por ángeles sin sexo.

¡Claro que echaré de menos algunas cosas! Todas tienen que ver contigo y los momentos que compartimos. Sin embargo, volar es tocar los sueños imposibles: La música será celestial, nunca lloverá sobre mojado. Dejaré que el viento guíe mis días y será más fácil tocar las estrellas.

Sí, estoy loco y andar por las nubes me pega mucho. Quizás sea mi forma de mostrarte mi interior. Y es que volando, todo lo superfluo quedó abajo, en el suelo.

En algún lugar sobre el Atlántico.

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