Un cielo color tormenta

Hoy, al levantarme y mirar por la ventana, descubrí que el cielo tenía color de tormenta. Inmediatamente he pensado en ella (¡cómo si dejara de hacerlo en algún momento…!) y me dije que era un día perfecto para pasarlo en sus brazos, enredado a mitad de camino entre su cabello y mis sábanas.

La he llamado para proponérselo, pero no de forma directa y quizás grosera, sino con palabras de aventura y garantía de caricias sin fin. Me contestó que iba a comprarse un vestido rojo y que luego tenía hora en la peluquería; He recordado la letra de una canción de Fito, la del soldadito marinero que escogió a la más guapa y a la menos buena…

Pasa con frecuencia; Yo la necesito y ella corre con el viento. Yo le cuento historias de amor y de batallas de héroes que caminan sobre el asfalto y ella, estando a mi lado, está en algún lugar inaccesible, para mí, de su memoria.

Le pongo su nombre a la estrella más luminosa en las noches de luna nueva y me dice que le parece cursi (bueno, yo también lo pienso…). Le regalo flores que no pone en agua y que encuentro moribundas por cualquier esquina de su casa. Desistí de escribirle poemas cuando los encontré con los teléfonos de telepizza anotados en las esquinas… al menos no estaban sobre las palabras «te quiero»…

Sí, ya lo sé. Esa chica no es para mí y últimamente, cada vez que me levanto y miro por la ventana, encuentro un cielo color tormenta. Todos me lo dicen, pero, ¿cómo se lo digo a mi tonto corazón?

Roque de las Bodegas. Anaga. Santa Cruz de Tenerife. Spain.

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