Quizás hoy…

Te despiertas y te encuentras sola otro amanecer más y ya son muchos para una piel que vive en los abrazos. Estás en un borde de la cama porque aún no has encontrado el valor para dormir en el medio. Sin embargo, la recorres girando sobre ti misma y te bajas por el otro lado; para variar, piensas. Vas al baño sin hacer ruido y te miras en el espejo despacio, con miedo, no por verte en su reflejo, sino porque tal vez detrás de ti veas como la soledad te sonríe cómplice. En la cocina preparas café y en la rutina de hacerlo analizas las cosas que te han llevado a este preciso instante de tu vida. Te gusta el trabajo que tienes y la independencia que has logrado con tu esfuerzo. Sabes que tus amigos te quieren y valoran y haces las suficientes cosas para sentir que no malgastas el tiempo. Y sin embargo te sientes a medias, como partida por la mitad. Hace tiempo que no ves un «te quiero, princesa» en un mensaje del móvil y por tu experiencia las floristerías deben haber desaparecido.
Te acercas a la ventana y observas como un nuevo día empieza. Mientras, coges la taza de café con las dos manos porque estás cansada de tenerlas vacías, casi tanto como tu corazón. Y es que, aunque a veces te enfadas por ello, no sabes vivir sin amar y que te amen. Pero a estas alturas no vale cualquiera y eso complica las cosas, porque un día descubriste que los príncipes azules sólo existen en las novelas de amor.
Coges tus cosas, cierras la puerta y al hacerlo también cierras el baúl en el que guardas todas esas dudas y miedos. Bajas a la calle con tu mejor cara y avanzas con determinación y al hacerlo vas pensando, como casi todas las mañanas, que quizás ocurra hoy… y al hacerlo se dibuja una sonrisa tan bonita en tu cara que los hombres, al pasar a tu lado, no pueden evitar girar la cabeza. Sí, te repites, quizás hoy…
Al sur de Ait Hani. Marruecos.

Otoño
En una esquina
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