Puesta de son

Entre la prosa y la poesía de José Martí, frases de «patria o muerte» de Fidel y el Che Guevara, sin duda El Comandante. Estás pensando en eso y te tocan la espalda, y con la piel morena, el corazón cansado de esperar un tren que no pasará y la mirada calculando posibilidades, te piden un peso, una camiseta y finalmente, para no perder una batalla que no se puede ganar, un bolígrafo…

Los carros no dan tregua con sus cláxones; Cadillacs, Chevrolets o Pontiacs hacen suyo un asfalto lleno de agujeros y no importa que tengan 60 años, el orgullo no sabe de edad, y aunque el cuentakilómetros se paró hace mucho tiempo, los motores siguen moviendo sus cilindros, haciendo quizás su propia revolución…

En la calle, una mulata, vieja pero guapa, fuma un habano con las prisas que da el estar a punto de doblar una esquina, o sea, ninguna. Mentalmente piensa en los pesos que le quedan y establece prioridades. Piensa que después de una vida aguantando con nada, podría dar una «Master Class» a uno de esos «economistas» de la universidad, que saben de libros pero no de la vida…

En el Floridita un Daikiri, en La Bodeguita del Medio un mojito, en Copelia un helado de fresa y chocolate y en cualquier calle Son, Salsa o Reggaeton. Las fachadas se caen, pero la vida sigue, y ya puestos con música y ron, mejor…

Con todas esas cosas bullendo a tu alrededor y también en tu interior (imposible que no se agarren a tu alma), te sientas en el malecón preparado para vivir un ocaso en un lugar muy especial, tanto, que aquí hasta las puestas son de Son…

El Malecón. La Habana. Cuba.

Autopista al mar
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