Pequeño catálogo de orillas

Te conocí una tarde de primavera de un mes de abril que aún está por venir. Tú estabas sentada en una orilla abrazando a un sol imposible y yo iré, como hago siempre, para intentar convertir en infinito ese instante de belleza.

Me preguntaste si creía en la magia y te responderé que es eso exactamente lo que veo en tu mirada y para confirmar mi respuesta sonreíste con estrellas y miles de lunas llenas como tantas veces veré más adelante, cuando desnuda entre mis brazos no encontremos palabras que mejoren lo que ya dice nuestro silencio.

Y así, sin planearlo, fue o será nuestra primera cita y después empezaremos a salir; tú conmigo y yo por la tangente, porque no podré prometerte cosas que son del tiempo y tú que me pediste horas infinitas, y yo que jugaré a amar, porque soy cobarde, no porque no sepa dar, sino porque un día olvidé como recibir, como aceptar.

Te regalaré mis instantes, esos que durarán un vida eterna de cinco meses y tú estabas cansada de no saber que hacer con un paraíso que se te escurría entre las manos.

Y llegará un final, porque aunque sea nuestra aventura no querrá decir que no se acabe nunca. Y te dolió y lloraste, y te enfadaste contigo misma porque te prometiste no sufrir por una historia que aún no había comenzado. Y lloraré y mi alma se romperá en pedazos simétricos y en número impar, porque querré una vida contigo y mi corazón dirá, quizás mañana, en un futuro lejano.

Nos despedimos una tarde de verano de un mes de agosto que aún está por venir.

Charco Azul. Frontera. El Hierro.

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