Mis «yos»

A veces, casi sin motivo ni explicación, me siento cansado y triste, viejo y sin fuerzas. Sintiendo que todo a mi alrededor es extraño e imperfecto y tal vez lo único que ocurre es que proyecto mi imperfección en aquello que miro, que toco, que siento.

Otras, alegre y divertido, casi flotando a ras de suelo. Tirando la moneda al aire y una y otra vez saliendo cara y siempre sonriendo al recogerla y comprobar que eres tú.

Algunos días pensativo y puede que esquivo, porque busco las preguntas a unas respuestas que desde hace tiempo viajan conmigo y que encuentro en mi mochila cuando en su interior busco el libro, Aprendiendo a Vivir.

Algo contrariado desde octubre a marzo, porque soy luz y en esos meses grises me apago casi en solidaridad con la iluminación, que tamizada por esas estaciones, llega hasta mi piel.

Llorando con los fados de Mariza, con las frases de Murakami, con una flor en blanco y negro de Chaplin o con un aria de Bellini. Sin duda siempre he sido un rebelde sin causa y de niño, un día cualquiera, escuché a un soldado de la vida pronunciar la frase Los Hombres Nunca Lloran.

Tan lleno de unas cosas y a la vez tan vacío de otras. Tan inteligente en unas situaciones y tan absurdamente torpe en otras. Tan preparado para la aventura y tan asustadizo en el amor. En definitiva, tan humano…

Pero a veces me siento en un rincón y observo a todos mis «yos» deambular a mi alrededor, cada uno con sus particularidades, con sus propios mundos interiores. Es entonces cuando comprendo que es cierto que hay un universo en nuestro interior y lo maravillosa y excitante que puede ser la teoría del caos.

Pero ahora debo regresar a casa, aunque pensándolo mejor, ¿debería decir debemos?

Charco Azul. Frontera. El Hierro.

Como la corriente
Pequeño catálogo de orillas
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