Las torres del tiempo

Las construyeron para sostener el tiempo en un mundo sin principio ni fin. Las levantaron, piedra a piedra, con sus manos, nadie sabe si con paciencia o no, ya que en una existencia atemporal esas disquisiciones no tenían cabida.

Necesitaban dar un sentido lineal al tiempo, ya que vivían en una realidad permanente. Una vida sin ayer ni mañana. Solo un interminable hoy, abrumador y opresivo, en el que cuestionaban cada gesto, cada palabra, cada acción, pues no tenían la certeza de si ocurría por vez primera o si sólo se trataba de una repetición sin fin.

Ninguno sabía, no ya el porqué estaban allí, sino el cómo de su presencia. No se nacía ni se moría, todo era un inamovible «status quo», así que al borde de la desesperación dedicaron toda su presencia (así llamaban al hecho de existir), que era infinita, a buscar una solución.

La encontraron al descubrir que el tiempo se deslizaba de forma paralela a la de su existencia y por eso decidieron anclarlo con torres, que desde tierra o mar, se alzaban a las alturas y se conectaban con él.

En cada torre había una frase escrita: «La vida sólo tiene sentido sin en ella existe un principio y un fin».

El Pescante. Hermigua. La Gomera. Spain.

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