La vieja calle

Estoy paralizado en medio de la calle. Respiro con dificultad y mi corazón está desbocado. Todo se ha ralentizado, hasta el aire se ha vuelto sólido y pesado. No sé si las fachadas llevan así toda la vida o en un acto de solidaridad con mis emociones, se acaban de caer. El sol cuelga de un hilo y me observa sorprendido.

Me acabo de cruzar con ella y todo aquello que había construido, poco a poco, día a día, para salvarme de su ausencia, se ha derrumbado en un instante. Nuestras miradas apenas se han rozado y sin embargo ha sido suficiente para perder el control.

Suspiros entrecortados, dedos que dibujan caminos prohibidos en la piel, dos cuerpos enredados sin principio ni fin, unos labios que susurran palabras al oído, palabras que no dan tregua en la batalla de los sentidos. Ha bastado un segundo para revivir todos esos recuerdos y sentirme absurdo y torpe, pensando que cuando llegase este momento nada me iba a afectar.

Ahora tendré que empezar de nuevo. Reinventaré las mentiras que contarme para los momentos en que se haga doloroso pensarla y saber que está con él. Un día podré decir su nombre sin que duela y quizás podré sostener su mirada en un encuentro casual… espero… Sin embargo, ahora he de avanzar. El claxon del coche que escucho desde hace un rato no creo que espere mucho más…

Cienfuegos. Cuba.

Verde
Dibujando corazones
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