Historias

La cámara sobre el trípode. El encuadre más o menos estudiado y entre treinta y cuarenta segundos de exposición para intentar conseguir lo que mi disparatada imaginación ha dibujado en mi mente… Estoy solo desde hace un rato, unos alemanes que estaban caminando por la zona se fueron a la par que el sol y ahora ya simplemente estamos la naturaleza, este trozo de asfalto, que con sus sinuosas curvas no llega a ser desagradable y yo (sin duda una combinación peligrosa). Me subo al coche, un Opel Astra turbo, sin casi kilómetros y que la empresa de alquiler me entregó ayer cuando aterricé en la isla. Al llegar al parking del aeropuerto y encontrarlo estacionado el la plaza cuarenta y tres, los reflejos metálicos de su pintura color plata me sacaron una sonrisa, sin duda fue un amor a primera vista.

Ahora estoy sentado delante del volante. Aprieto el botón del disparador remoto de la cámara y un segundo después piso el acelerador. Salgo disparado y como si se tratase de una vuelta cronometrada de un Gran Premio de velocidad, hago el recorrido haciendo «chillar» las cubiertas en cada curva. Regreso, paro el coche, me bajo y miro el resultado en la cámara. Get more info for slots gratis coyote moon. Casi, pero no es suficiente. Decido volver a intentarlo y me doy cuenta de un detalle; ¡No hay donde dar la vuelta! La carretera tiene apenas el ancho de un carril… O desciendo marcha atrás hasta el mirador que está abajo para volver a subir marcha atrás (qué pereza…) o subo un par de kilómetros hasta un ensanchamiento que recuerdo haber visto al llegar esta tarde (vaya pérdida de tiempo…).

Al otro lado de donde se encuentra la cámara hay un espacio de unos tres metros sin valla de protección y el terreno no es muy escarpado…igual me vale… Subo al coche y avanzo marcha atrás para meterlo en ese hueco y dar la vuelta. Todo va bien y de repente un clonck, ras, crash, punk, me indica que ya la lié… Me bajo y con una linterna que tengo de súper fotógrafo nocturno ilumino el tinglado. Las ruegas traseras están en el aire porque he conseguido subirme en unas piedras (de esas que caminan solas) y ahora todo el coche se apoya sobre el escape… Soy un genio, pienso, porque hacer eso no está al alcance de cualquiera. Sin perder la calma, saco todos mis conocimientos de arquitectura y me invento unos apoyos para las ruedas traseras (luego dicen que la fotografía está al alcance de cualquiera, ja). Vuelvo al asiento, meto primera y le doy un zapatazo al acelerador. Otra serie de clonks, punks, ras, cracks y estoy fuera. Todo ha ido como la «seda» y después de los reajustes que le he hecho al sistema de escape, el coche suena mucho mejor, más deportivo…

Configuro la cámara y de nuevo en el coche, aprieto el disparador remoto…

P.D.: Aún no me han llamado de la empresa de alquiler…

Mirador El Aserradero. Garafía. La Palma. Spain.

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