En línea recta

Hoy, las ganas de conocerte fueron tan intensas, que mi alma tomó las riendas y dejó en un rincón habitado por pelusas, todos los miedos y dudas que siempre rondan en mi cabeza. Dibujé en un mapa una gran línea recta entre tu vida y la mía. La hice con un trazo fino y decidido, usando el color negro. Al verla un escalofrío recorrió mi ser; existía tanta armonía en esa forma de tocarnos que hasta los países atravesados por el trazo sentían envidia.

Salí de casa y ni siquiera cerré la puerta, no pude pensar en eso porque mi corazón acelerado sólo tenía un objetivo: Tú, tú y tú…

Llegué al punto marcado en el mapa y me puse de cara a tu posición. Cerré los ojos (he aprendido a ver más de esa forma) y me preparé para el encuentro. El sol, suave y delicado, me acariciaba los párpados y la brisa me traía tu perfume. Así, poco a poco, fui dejando atrás el plano físico y tangible de lo material y me adentré en el mundo etéreo e impreciso de las sensaciones. Transcurrido un espacio indeterminado de tiempo te pude ver e inmediatamente desaparecieron las prisas, los miedos, la frustración…

Te abracé y sentí como volvía a nacer, te besé y sentí como moría, y cuando me susurraste al oído que llevabas una vida esperándome, pude comprender, que por fin, mi búsqueda había concluido.

Pero todo termina, incluso aquello que no tiene fin y de nuevo regresé al punto de partida. Desorientado, te busqué y no estabas y el dolor lo invadió todo. Estaba a punto de girarme cuando noté algo en mi mano. Era el mapa, que sin saber cómo, había estado todo el tiempo conmigo. Lo abrí y me quedé sin respiración. Escrita, sobre nuestra perfecta línea, había una frase que en tinta azul decía: «Hay sueños que son mucho más que eso…Te seguiré esperando».

Roque de las Bodegas. Anaga. Santa Cruz de Tenerife. Spain.

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