Como la corriente

Sin palabras es nuestro lenguaje, quizás porque no existen para definir la forma en que nos miramos, cuando nos amamos, cuando nos besamos.

Sin tregua, bandera o rendición posible es nuestra entrega, tal vez porque comprendimos que una vida entera no es suficiente para descubrirnos, para probarnos.

Sin manos son nuestras caricias, porque me tocas con el alma y te abrazo con todo lo que soy (y lo que soy trasciende lo superfluo e insignificante de lo material).

Sin reproches los errores cometidos, porque un día entendimos que vivir es improvisar y por eso e inevitablemente, fallar.

Sin lágrimas son nuestras despedidas, porque sentimos tan intensamente la piel de uno en el otro, que trasciende algo tan nimio como el espacio y aún más una parada o un andén.

Sin miedo enfrentamos el abismo que en ocasiones nos separa, cuando nuestras formas de pensar difieren, y es que no siempre tú y yo sumamos uno (afortunadamente).

Sin luz nos vemos, sin aire volamos, sin agua nos sumergimos, sin sonidos escuchamos y sin sentido quedamos cuando abrazados sentimos tanto que no hay forma de explicarlo.

Y ahora, aquí, me dejo llevar por la corriente, soltando los remos y sintiendo que abandonado a ella (a ti) es la única forma de ganar una batalla de por sí perdida: la de mi pasión por ti, la de tu locura por mí.

Playa de Benijo. Anaga. Santa Cruz de Tenerife. Spain.

Casi soledad
Mis «yos»
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