Como en tus ojos

Avanzo despacio, piso con cuidado, y no porque el suelo esté encharcado y resbaladizo, sino porque no quiero, no debo molestar. Casi como lo hago cuando duermes y puedo sentir tus sueños danzar.

El olor fresco de agua; el silencio sólo roto por el quejido de algún tronco que acaricia al que está a su lado; el tiempo que se desliza con la bruma; la luz que está lo justo para ser… Me siento como un intruso que mirando por una ventana contempla una robada desnudez.

Mi mano, midiendo cada centímetro, se desliza sobre el musgo mojado y frío. Siento en ese gesto la misma intención que tengo cuando acaricio tu piel: Dibujar palabras de amor y respeto, de pasión y entendimiento, de equilibrio y entrega.

El verde lo llena todo y traspasa lo físico para llegar a ese punto que está muy lejos en mi interior, igual que cuando me miras y sé que da igual el silencio o mis puertas cerradas, porque lees mi alma como un texto escrito en negrita y cursiva, haciéndome sentir transparente.

El instante se rompe cuando un sonido electrónico me indica que tengo un nuevo mensaje en mi teléfono móvil. Sin duda una torpeza por mi parte, porque a lugares como este se debe venir sólo con la piel y la intención de sentir. Lo mismo que hago cuando, curioso, me asomo a tus ojos.

Monte de Las Vueltas. Anaga. Tenerife. Spain.

¿Dudas razonables?
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