Casi soledad

A veces, sin explicación posible, me siento solo en medio de la inmensidad, estridente y estéril. No importa lo rodeado de gente que me encuentre, esa soledad está en mi interior, instalada cual «okupa», y es inmune al ruido, siempre inagotable, del exterior. Casi como planeta ingrávido colgado en un espacio lleno de otros planetas a los que es imposible tocar.

Cuando eso ocurre busco el mar. Una de sus esquinas y a ser posible, la más olvidada, esa que siempre está a desmano. Convierto el ruido en música, quizás bolero, tal vez tango o en un alarde de valentía, fado. Elijo con cuidado dónde sentarme, pidiendo permiso a los rincones, al fin y al cabo, el intruso soy yo.

Ya sólo queda escuchar…con el alma… El mensaje está ahí, pero hace falta mucha paciencia y pocos prejuicios.

Tres rocas dibujando un imaginario triángulo (es lo que siento al verlas) me susurran una pregunta: ¿Qué es la soledad? Con calma pienso la respuesta y finalmente la pronuncio en voz alta, remarcando cada sílaba: La soledad no existe.

Existe nuestro miedo a vivir sin poder aceptarnos como el mejor compañero que podemos tener…

Playa Ancón. Trinidad. Cuba.

Olvido
Verde
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