Camino de paralelas

Nos cruzamos por casualidad, como paralelas despistadas, y por casualidad hablamos, aunque siempre he sabido que todo ocurre por algo.

Apenas habíamos dicho unas frases y así, sin pensarlo, me dijiste que te enamorara con doscientas palabras.

Te miré; No sabía si era una broma o si realmente estabas loca, sin embargo, tu mirada abierta, franca, inteligente y apasionada me decía que ibas en serio.

Y entonces, de forma irracional sentí la abrumadora necesidad de que te enamoraras de mí:

“Si me coges de la mano te llevaré lejos de aquí a un lugar a mitad de camino entre el cielo y el mar. Te enseñaré a volar con alas de acero para que nunca tengas que tocar el suelo y para que nadie, jamás, intente cortarlas. Aprenderemos un nuevo idioma sin palabras. Uno en el que sólo se usen las manos para construir frases que harán enmudecer a los dioses y sus lenguajes. Te pediré que me enseñes cada herida y poco a poco las curaré, con paciencia e hilos invisibles. Haré lo imposible para borrar las cicatrices y que ya nada te pueda hacer daño. Te regalaré el azul de los días, el calor del verano, el sonido de la lluvia sobre las hojas, mi tiempo sin prisas. Nada te pido a cambio, sólo que estés y poder abrazarte tan fuerte que atrapemos el universo entre ambos y convertirnos en un solo pensamiento. Huiremos del ruido, del caos, del absurdo día a día, y así, en soledad, escucharé el sonido del viento entre tu pelo, la caricia de la sal del mar en tu piel. Te entregaré mi mundo y si quieres cada recuerdo, cada instante, cada beso”.

Lo dije así, sin pensarlo y después abrí los ojos que había cerrado sin darme cuenta. Me mirabas y sonreías. Y me abrazaste como nunca nadie antes lo había hecho. Y mientras lo hacías me susurraste: Sabía que eras tú…

Las Macetas. Frontera. El Hierro. Spain.

Pequeño catálogo de orillas
300
Menú