Poemas de la espuma

Quizás pasaba por aquí o simplemente este instante me esperaba. Se lo pregunté a la espuma y su canción eterna de entrechocar elementos me dijo, muy bajito, que todo pasa por algo, incluso tú, yo, nosotros…

Caminaba sin rumbo fijo. Lo hago siempre que pienso en ti y es que por más que lo intente, es imposible tenerte en mis pensamientos sin perderme. Esperé, paciente, a que la luz imitara ese instante en que mis manos recorren lentamente tu piel. Justo antes de que el sol se escondiera, encontré lo que buscaba. Los rayos horizontales y las curvas de la playa hacían el amor y por un segundo me sentí fuera de lugar observando una intimidad que quizás no me correspondía.

Pensé en tus naufragios y en mis terremotos, aquellos que en ocasiones me arrastran a lo más profundo y tonto de mí, miré a mi alrededor buscando mis botellas con mensajes desesperados en su interior, como si en esta orilla fuese posible sobrevivir al enfado permanente de las olas.

Cerré los ojos y te sentí: En los momentos de locura y en los de ternura, en los de pasión y en las batallas perdidas. En la luminosa revelación de entenderte para luego perderte. En el dolor de amarte y no saber si estás conmigo o buscándote en algún lugar inaccesible para mí, de tu insondable interior.

Y ahora que he de regresar, sigo con las mismas preguntas sin respuestas. Sin saber si estoy dispuesto a sufrir por amor. Si existe solución para una relación que más que hacernos crecer, lo que consigue es arrancarnos jirones al alma que van quedando tras las esquinas.

Le escribiré poemas a la espuma, quizás ella en su simplicidad blanca y salada, me diga qué he de hacer. Las margaritas no se merecen perder sus pétalos por los caprichos del amor…

Costa de Benijo. Anaga. Santa Cruz de Tenerife.

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