Mi escalera

Desde que nacemos estamos unidos a nuestra particular escalera. La puedes imaginar de acero, de hormigón o de madera. Con o sin barandilla, iluminada natural o artificialmente, de trazo recto o curvo. Todo eso da igual, lo importante, lo que se convierte en el denominador común en todas ellas son sus peldaños y es que al llegar a esta existencia estamos en el primero (o el último de la anterior vida) y nuestro objetivo debería ser estar lo más arriba posible cuando llegue la hora de la partida.
Subir la escalera. Esa es nuestra meta.
Algunas personas piensan que los peldaños se escalan teniendo una inmensa casa, un coche rápido, un trabajo de responsabilidad y una cuenta en el banco con muchas cifras. Bajo estas premisas es imposible moverse de un peldaño.
Otras personas en cambio, saben que la forma de ascender es basando todos tus gestos en el amor, en dar sin esperar recibir, en respetar las reglas básicas del universo para luego sentirte con derecho a reclamar respeto, en creer en el ahora y no mirar más allá del siguiente peldaño.
Yo sigo subiendo la mía o al menos lo intento. A veces la oscuridad, que yo mismo construyo, no me deja ver su trazado y tropiezo, entonces cierro los ojos y dejo que las cosas ocurran. Si soy consecuente con ellas podré dar un paso más y subir otro escalón.
Es posible que estemos en un gran proceso de cambio a nivel global. Pienso que lo contrario nos llevará irremediablemente a la autodestrucción. Así que subamos nuestra escalera, a cada paso haremos un mundo un poquito mejor.

Roque de las Bodegas. Anaga. Santa Cruz de Tenerife. Spain.

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