Quizás pasamos demasiado tiempo en la relativa comodidad de las sombras. En ese espacio impreciso de nuestro interior en el que nos sentimos seguros. Y es que siempre es más fácil estar dentro que fuera, tras los muros que delante de ellos. La vida no escupe plomo y nosotros construimos trincheras. Pero llega un momento en que debemos abrir las ventanas y dejar que la luz arrase con todo. Derribar las paredes y creer que todo puede ser posible. Vivir es estar fuera y ser luz. Lo contrario es existir en la mediocridad de una falsa seguridad de días lentos y monótonos. Hay que vivir y morir en el intento..
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