Como un Drago

Con las raíces profundamente ancladas en la tierra, me elevo hacia el cielo porque allí están las estrellas y en ellas los secretos mejor guardados. El tiempo pasa a mi lado y me mira de soslayo. Sin duda ve en mí a un difícil competidor. Estoy aquí desde hace siglos y he visto aquello que nadie quisiera ver y es que todos estamos en las sonrisas, pero en las lágrimas agachamos la cabeza y miramos al suelo. Mis ramas son encrucijadas y en cada una de ellas un ramillete de posibilidades. Elegí en cada ocasión y unas veces acerté y otras me equivoqué, pero en todas aprendí.

No tengo prisa, no tengo donde ir. Estoy aquí porque así debe ser y hace tiempo comprendí que simplemente formo parte de un plan ya establecido. Puedo tomar decisiones en este instante y aunque con sutiles cambios, todas me llevarán al mismo final. Así que dejé de remar a contracorriente y ahora me dejo llevar.

Miro hacia arriba y siento los rayos del sol en mi cara, que tamizados por sus hojas, bajan como delicados trazos de luz. Cierro los ojos y siento su quietud y la simpleza de su inmensa sabiduría. Acaricio su inquebrantable tronco y pienso que tal vez, en otra vida, no estaría mal ser un Drago. Ya en esta lo intento…

Taganana. Anaga. Santa Cruz de Tenerife.

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